Una Tiranía Extrema
Un comentario acerca de "Autocracy Rising: How Venezuela Transitioned to Authoritarianism" (Brookings Institution Press, Washington DC. 2022), de Javier Corrales
“By almost every measure used by political scientists, Venezuela under Maduro became one of the most autocratic nations on Earth. Also, one of the poorest” (p.7)
Este artículo se escribe a un mes de la elección presidencial venezolana, prevista para el 28 de Julio. En juego está la continuidad de la tiranía de Nicolás Maduro. Nunca ha sido tan favorable la prospectiva para la oposición venezolana, que en cierto modo ya ha ganado antes de que tenga lugar un acto electoral que vendría a ser confirmatorio de la derrota política del régimen. Pero los antecedentes hablan elocuentemente de una alta capacidad y una muy fuerte inclinación del gobierno autocrático para violentar cualquier norma legal o moral con tal de eternizarse en el poder. Así, la incertidumbre es alta, las expectativas también, y una tensión tiñe la atmósfera de Venezuela en este momento.
Bien conocido entre los que siguen a Venezuela desde la perspectiva de la ciencia política, Javier Corrales, profesor de Amherst College, ha producido a lo largo de unas dos décadas varios de los mejores análisis disponibles acerca del autoritarismo en Venezuela. Nuestro país es afortunado por su dedicación. Se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con sus conclusiones, pero, en la opinión del que esto escribe, su obra sobresale por lo bien informada, analítica y equilibrada, sobresaliente en medio del universo de la ciencia política académica acerca de América Latina. En Autocracy Rising, Corrales alcanza en cierto modo una síntesis de lo que ha venido construyendo en su obra previa acerca de Venezuela, y agrega una actualización derivada de su entendimiento de los más recientes acontecimientos bajo el régimen de Nicolás Maduro. Dado el momento político en Venezuela, rara vez una obra de este tipo se ha publicado más oportunamente.
El concepto central del libro es el de “democratic backsliding”, que podría ser traducido como “retroceso democrático”.
Esta es una condición en lo absoluto única de Venezuela. De hecho, se está haciendo frecuente en años recientes en el mundo. Se trata de un proceso en el cual una sociedad va perdiendo, en diverso grado, las características básicas de un gobierno democrático, sea en el sentido de la democracia electoral (elecciones cada vez menos competitivas y limpias), en el sentido de las libertades públicas (restricciones a la libertad de expresión, a la organización política libre, a la protesta pública), o en el sentido institucional (debilitamiento de la división de poderes, disolución de los límites al ejecutivo y dificultades crecientes para la rendición de cuentas). O en todos estos frentes a la vez.
La Venezuela de Chávez califica redondamente en el marco de este concepto, algo que cualquier lector mínimamente familiarizado con la experiencia de ese gobierno admitirá sin problemas. En este particular, la obra de Corrales aporta un respaldo documental impecable para el que todavía pueda albergar dudas o requiera de un recuento explícito de los hechos. Pero es en el análisis y la caracterización de los años del gobierno de Maduro que el libro realiza su más grande contribución.
Hay en la obra una -muy justificada- pretensión de contribuir, a través de la disección del autoritarismo venezolano, a la literatura general acerca del debilitamiento de las democracias. Aunque no dudo de que este es un ángulo importante, mi propósito aquí no es discutir el libro como se haría en una revista científica especializada, sino en el plano de lo que ofrece para iluminar el presente y el futuro de Venezuela.
Crucialmente, la obra logra lo que probablemente es más difícil en estos casos: plantea las preguntas correctas, y establece una perspectiva desde la cual estas preguntas cobran sentido y se puede intentar una respuesta significativa. El caso del chavismo-madurismo en Venezuela plantea para empezar la pregunta de por qué ocurrió un retroceso democrático en un país que había pasado por 40 años de democracia liberal competitiva y transmisiones pacíficas del poder. Esta pregunta ha generado ya un ingente volumen de respuestas de numerosos autores. Mucho más importantes y difíciles de responder son las preguntas inmediatamente subsiguientes, alrededor de las cuales se organiza esta obra: por qué prevaleció el proyecto autoritario frente a la oposición democrática, por qué se volvió cada vez más represivo, y por qué el régimen gobernó durante una de las más grandes debacles económicas de que se tenga memoria en el mundo sin hacer intentos por corregir curso o paliar la crisis, con consecuencias económicas y sociales catastróficas.
Un elemento fundamental del libro es que enfatiza una y otra vez que ninguno de estos desarrollos fué, en su momento, inevitable. Un venezolano promedio difícilmente necesita un libro académico para saber que el país una vez tuvo un régimen democrático y lo perdió, así como para entender cuán mal pueden ir las cosas en un país azotado por un gobierno autocrático. Pero he aquí que una de las cosas importantes que puede ganar el lector no especializado del trabajo de Corrales es lo que podríamos llamar perspectiva.
En el plano mundial, el retroceso democrático no es excepcional. Pero la terquedad de un liderazgo empeñado en hacerlo cada vez más extremo a cualquier precio político, económico y social, evolucionando hacia una tiranía extrema cuando está ya en su tercera década, sí lo es. Corrales ofrece un análisis minucioso de los mecanismos que facilitaron el endurecimiento del autoritarismo en Venezuela, y ayuda a interpretar por qué la moderación, liberalización, negociación o aunque sea parcial apertura política fueron caminos nunca transitados por el régimen venezolano, aunque es común encontrarlas en la evolución natural de muchos otros autoritarismos alrededor del mundo, y en América Latina en casos como el de Ecuador, por ejemplo. La apreciación -bien informada- de Corrales es que el retroceso democrático en Venezuela ha sido profundo no solo para estándares latinoamericanos, sino para estándares mundiales.
Según la literatura, un factor muy importante en la prolongación del “retroceso democrático” es la división de la oposición. Pero en Venezuela la oposición, aunque no siempre se le da el crédito debido, se unificó repetidas veces frente inminentes procesos electorales -más sobre este punto más adelante-. Esto creó el dilema mencionado, flexibilizar, aunque sea parcialmente, o endurecer y cerrar el sistema político hacia una autocracia cada vez más fuerte. Este segundo fue el camino tomado por Maduro. Y tuvo éxito al intentarlo, lo que crea la necesidad de explicar ese éxito.
El camino hacia la tiranía, más que un proceso lineal, emerge de las páginas de Autocracy Rising como un mecanismo complejo compuesto de partes en movimiento que han aparecido gradualmente y que el régimen ha logrado hacer funcionar -hasta ahora-. No todos los elementos distintivos de la democracia son atacados al mismo tiempo. No todos los grupos sociales y políticos son afectados de la misma manera. No todas las acciones antidemocráticas son visibles a primera vista. El retroceso democrático ocurre de forma gradual, sin una fecha oficial de golpe de estado. Pero su efecto es no menos devastador para las libertades democráticas que un golpe militar tradicional.
El libro de Javier Corrales es muy rico en evidencia -a veces sorprendentemente detallada, hasta para venezolanos familiarizados con el proceso político-, en argumentos y en elementos conceptuales. Este artículo no puede aspirar a mantener una extensión razonable y a la vez a hacerle justicia a tal riqueza de contenido. Se limita más bien a continuación a recoger y discutir brevemente una serie limitada de aquellos temas de la obra que, por su originalidad, no he resistido la tentación de resaltar para el lector de Leer Venezuela, y a agregar, hacia el final, el único punto en el que me siento inclinado a separarme de la argumentación de Corrales.
La construcción de un reservorio de instrumentos de dominación
Una importantísima tabla (2.2 en el libro, p.36), concentra la descripción de cuán extensa ha sido la violación de las reglas democráticas en Venezuela, primero en los años de Chávez, y después con Maduro (hasta 2018): anormalidades del registro electoral, parcialización de la autoridad electoral, acceso desigual a los medios de comunicación, violación de lapsos y calendarios, violación de preceptos constitucionales que rigen las elecciones y los derechos políticos de los venezolanos, anormalidades en el desarrollo del proceso electoral el día de las elecciones, ausencia de mecanismos confiables para atender reclamos de fraude e irregularidades, negativa a reconocer resultados adversos, violación al secreto del voto… para la lista completa, la fecha, la elección en la que se cometieron y el número de veces que han tenido lugar, ir a la tabla original.
Ninguna de estas violaciones a las normas y prácticas democráticas hubiera sido posibles excepto en un contexto autoritario. En este tipo de contexto, la pérdida de la original mayoría electoral del chavismo -un punto de inflexión fundamental que Corrales ubica en algún punto entre 2010 y 2015- llevó a un recurso cada vez más intenso y recurrente de las referidas violaciones, que estaban presentes bajo Chávez y se intensifican con Maduro. Cuando ya no se tienen los votos, todo depende de la disponibilidad de recursos para ganar sin los votos.
Corrales denomina a estos recursos antidemocráticos, genéricamente, “reservorios institucionales autocráticos”. El éxito en la imposición autocrática de la resolución de crisis políticas o eventos electorales depende de que se hayan creado (el legado de Chávez) y la disposición y habilidad a utilizarlos sin reservas (el papel de Maduro). Una lista incompleta del inventario que poblaba este reservorio a la fecha de la muerte de Chávez incluye: sometimiento absoluto del poder judicial a la voluntad del ejecutivo, capacidad de encarcelar o inhabilitar políticamente a oponentes sin debido proceso o recurso, toma a la fuerza de la identidad legal de partidos opositores o negativa inapelable a la constitución de nuevos partidos, control absoluto de la autoridad electoral, control absoluto de los medios de comunicación masivos de alcance nacional, capacidad represiva para ahogar violentamente protestas de la población.., la enumeración podría continuar. Maduro utilizó este inventario sin reservas y con gran efectividad cada vez que su régimen enfrentó un reto importante. La Tabla 1-4 (p.25), que contiene la síntesis de las respuestas autoritarias de Maduro a las crisis políticas que se fueron presentando es lectura obligada en el libro.
La ambición y alcance de este “reservorio” de recursos autoritarios suscita en Corrales comparaciones con el control político-represivo propio de las juntas militares latinoamericanas de los 70s.
La creación e instrumentación de una crisis económica sin paralelo en el mundo
El libro dedica amplio espacio al tratamiento de la crisis económica venezolana. Autocracy Rising contiene un tratamiento sistemático de la crisis económica de Venezuela integrándola clara e inseparablemente de la dinámica política del país. Vale la pena detenerse un momento en el punto.
Abundan cifras que pretenden capturar, todas insuficientemente, la magnitud de la debacle económica de Venezuela. Comenzando en 2010 y especialmente entre 2013 y 2019, la economía nacional se redujo a un tercio de su tamaño original. los indicadores que describen a una mayoría de la población descendiendo a la más abyecta pobreza, el colapso de los servicios de salud, agua, electricidad y educación así como el cierre de empresas y la destrucción de la moneda y el sistema de precios por una sostenida hiperinflación son en general bien conocidos y se detallan en el capítuo 3 del libro. Todo esto, como es también sabido, llevó a una escasez aguda de alimentos y medicinas y se convirtió en el resorte que llevó a la migración masiva de venezolanos, en un volúmen que a la altura que se escribe esta nota alcanza los 8 millones, más de una cuarta parte de la población del país. Un descenso en el abismo económico y social sin paralelo en el mundo moderno.
Poco puede sorprender que un declive económico de estas proporciones debilitara el apoyo político por la revolución bolivariana. Pero el libro se detiene en lo que acertadamente es el hecho más sobresaliente: el régimen hizo poco o nada por detener o incluso aminorar la crisis económica! Encarado con la alternativa entre cambiar su política económica (que hubiese probablemente implicado algún tipo de concesión a la oposición) y mayor represión, Maduro, bien lo reseña Corrales, eligió más represión.
Pero hay más, y en mi opinión esto representa un aporte fundamental de Autocracy Rising: Corrales establece con solidez que cualquiera que haya sido la raíz de la crisis económica -volveremos sobre esto- su continuación y la falta de antídotos para corregirla se produjo por diseño del régimen, no a su pesar. La miseria general y la migración masiva debilitaron de muchas formas a la sociedad civil, reduciendo el número de potenciales votantes opositores, restando tiempo y energía a asociaciones civiles y partidos para permanecer activos en política, y crearon lo que califica Corrales del “efecto Bolchevique”, el debilitamiento del sector privado para financiar o apoyar actividades de oposición o simplemente para constituir un recurso para las actividades diarias de los ciudadanos. Los gerentes de comercios al detal fueron declarados saboteadores (131 fueron arrestados), y toda clase de supermercados y abastos cerraron, dejando al venezolano con pocas alternativas al Carnet de la Patria, la red gubernamental de distribución de alimentos.
Lo que es tanto o más importante, la escasez y el empobrecimiento abrió la oportunidad al régimen para aislar a sus principales seguidores de la crueldad de la crisis, reforzando su lealtad mediante un aumento de sus privilegios y ganancias, haciéndolos enteramente dependientes al régimen.
La innovación autoritaria
Emerge de los análisis de Corrales que el caso Venezolano de autocracia es extremo. También que, en el proceso de llevarlo tan lejos como ha llegado, el régimen ha introducido innovaciones en materia de cómo dominar una sociedad por la fuerza, rara vez vistas en otras latitudes, al menos con tanta intensidad.
La más importante de estas “innovaciones autocráticas” viene a ser, según el autor, la que denomina “fusion function”, literalmente fusión de funciones, una forma extrema de disolución institucional. Así, PDVSA dejó de ser la empresa petrolera y pasó a ser casi todo, incluyendo el principal organismo del estado para distribuir subsidios alimenticios a la población…. grupos comunitarios como los círculos bolivarianos y similares pasaron a cumplir un papel en la represión de protestas y disidencia, los jueces empezaron a dedicar buena parte de su tiempo a participar en los directorios de las empresas públicas. Notoriamente las fuerzas armadas -a las que el libro dedica extenso tratamiento como pilar del poder autoritario, pero que aquí hemos omitido por ser un tema bien conocido- dejan de ocuparse principalmente de labores típicamente militares y adquieren holdings empresariales en las industrias mineras más importantes, así como control prácticamente exclusivo de actividades en zonas en las que se localiza la extracción minera, como en el Arco Minero.
Una variante especialmente extrema de disolución institucional reside en la deliberada cesión de soberanía territorial en favor de actores no estatales como mafias del narcotráfico, grupos guerrilleros de países vecinos y otros grupos irregulares, a cambio de apoyo en el empeño por someter a la población y sostener el régimen tiránico. Los principales integrantes del más cercano círculo a Maduro recibieron, a cambio de su lealtad, una repartición de la responsabilidad y beneficios ilícitos de manejar las relaciones con estos grupos.
El papel de Cuba
La más directa influencia en cuanto a disolución institucional como instrumento de dominación dictatorial la encontró el régimen venezolano en Cuba. El uso de grupos comunitarios para el control social, el traspaso de importantes roles empresariales a los militares y otros similares se encuentran adecuadamente identificados en el libro de Corrales, en cada caso discutiendo las diferencias de forma y grado entre la versión cubana y la venezolana.
Pero el papel del comunismo cubano en la tragedia venezolana va más allá. Corrales atribuye un papel central a la experticia de origen cubano en temas de inteligencia en la vigilancia y control de la posible disidencia a lo interno de las fuerzas armadas. De hecho, un pasaje en el libro afirma que la presencia de Cuba en el aparato de estado en Venezuela carece de paralelo en ningún otro caso de régimen autoritario. En palabras que no son las del autor, estamos ante un rasgo muy distintivo de la autocracia venezolana, a saber, la cesión de partes del manejo del estado a un país extranjero, a pesar de que este país es de menor tamaño y desarrollo económico.
Aunque el análisis contenido en Autocracy Rising registra este hecho, un lector ávido de explorar a fondo sus derivaciones no encontrará en sus páginas un tratamiento en profundidad equivalente al que se da a todos los demás componentes de régimen venezolano. El que esto escribe cree que esto hubiese sido importante por al menos dos razones: por las implicaciones de la afinidad ideológica entre los regímenes de ambos países, y por la influencia del régimen cubano en la estrategia y toma de decisiones del autoritarismo venezolano.
Este autoritarismo no ha sido un autoritarismo a secas, sino un autoritarismo socialista. Todos los testimonios y evidencias acerca de cómo Chávez concibió su proyecto permiten clasificarlo claramente como socialista. También buena parte de sus acciones más importantes: las alianzas internacionales que forjó, el consistente tratamiento de la empresa privada como enemiga, la ola de expropiaciones, la ideologización del sistema escolar, los proveedores preferidos para compras internacionales del estado, y podrían enumerarse varias más. Si bien se podría argumentar que en el período de Maduro tuvo lugar un relativo “vaciamiento ideológico”, en el que el oportunismo y la corrupción pasaron a primer plano relegando la ideología a un lugar secundario, difícilmente puede pasarse por alto que el mismo Maduro es un producto de la escuela de cuadros comunistas en Cuba.
A esto debe añadirse que la dimensión del abismo económico en el que cayó Venezuela en la segunda década del siglo XXI no puede entenderse del todo sin incluir en el análisis las consecuencias devastadoras para los incentivos de los actores económicos de políticas altamente intervencionistas y expropiadoras. Estas políticas redujeron el número de empresas y la producción de las empresas sobrevivientes a su mínima expresión.
Finalmente, el hecho de que Venezuela haya enviado puntualmente sustanciales transferencias de petróleo prácticamente gratuito hacia Cuba, durante un período de crisis en el que en Venezuela la escasez de combustible y energía eléctrica fue extrema y creó una crisis humanitaria, con consecuencias sociales y económicas muy adversas para toda la población, sugiere que para Maduro y su círculo, el bienestar del régimen Cubano era una prioridad por encima del bienestar del pueblo venezolano.
Temas como estos deberán ser dilucidados en posteriores análisis y se han mencionado aquí porque, a juicio del que esto escribe, representan el punto ciego en un análisis por lo demás extraordinariamente completo y balanceado.
Y mientras tanto, la persistencia de la oposición democrática
La más difundida y consolidada visión de la oposición venezolana entre analistas y observadores externos al país -incluido muy especialmente los círculos políticos en los Estados Unidos- es la de un grupo víctima de su propia fragmentación y en su mayor parte incompetente, dados el fracaso de sus repetidos intentos por derrotar al régimen a lo largo de más de dos décadas.
No faltan, casi diría dominan, entre los analistas venezolanos, a su vez, las ácidas críticas a lo que se percibe como inconsistencias tácticas -votar vs. abstenerse, vía electoral de cambio vs. protestas callejeras, etc- y, en algunos casos, inmadurez estratégica: la noción, avanzada explícita pero más a menudo implícitamente, de que aspirar a la liberación de Venezuela de la tiranía es una ilusión inmadura y dañina, dado el poder concentrado por el régimen. Este tipo de crítica no siempre viene junto a una clara propuesta de alternativas capaz de responder a la pregunta de qué debería haber hecho la oposición en vez de lo que realmente hizo. Pero el tono general sugiere que la oposición haría bien en proceder a una degradación de sus objetivos en favor de expectativas más realistas o adultas, como por ejemplo la tesis de una cohabitación (aceptación del poder absoluto del régimen a cambio de concesiones en espacios parciales que permitan “hacer política” a la oposición en elecciones locales o regionales, por ejemplo) o incluso la colaboración con el gobierno dictatorial para inducir un modelo económico estilo Chino, combinando autocracia socialista con apertura capitalista.
En contraste con estas percepciones del papel de la oposición, uno de los puntos más brillantes que se pueden encontrar en Autocracy Rising es justamente el tratamiento de la trayectoria de la oposición al régimen autoritario. De manera sobria y analíticamente balanceada, Corrales expone los profundos dilemas de la oposición a regímenes autoritarios. Entre ellos probablemente el más fundamental es que muy pronto en el proceso de retroceso democrático de un país, la oposición enfrenta la necesidad de elegir entre, por un lado, oponerse de manera radical y por principio a las violaciones de las normas y prácticas democráticas, y, por otro, contemporizar con el régimen concentrándose en sobrevivir aunque sea precariamente para algún día reunir la fuerza necesaria para un cambio. Radicalismo vs. gradualismo. El radicalismo suscita represión, el gradualismo consigue cada vez menos a cambio de su moderación. Mientras tanto, el régimen autoritario produce una provocación tras otra, negocia y falta a sus compromisos, somete a cada vez más poderes del estado, todo lo cual a su vez debilita y fragmenta más a la oposición.
Pero, tal como se registra en el libro, en medio de este diabólico dilema, y a partir de un fraccionamiento interno real, la oposición democrática consiguió unificarse en ciertas coyunturas clave -varias de las elecciones presidenciales y parlamentarias y referendos- y logró retar al régimen de manera efectiva. La respuesta uniforme de la tiranía fue más represión y, cuando el apoyo electoral se debilitó, el recurso a un número cada vez mayor de herramientas del “reservorio represivo” descrito arriba. Una y otra vez, Corrales resalta que eso no tenía necesariamente que haber sido así -abundan, como se explicó arriba, casos en la experiencia internacional en los que un fortalecimiento de la oposición encuentra una respuesta negociadora y de apertura relativa en dictaduras, o un intento de incrementar la represión fracasa- pero fue de hecho el camino seguido por Maduro, con éxito.
Así, si bien la obra no elude señalar los errores cometidos por la oposición a lo largo de la larga lucha contra el autoritarismo en Venezuela, no deja de reconocer también sus logros y contextualizar las extremas dificultades en medio de las que se ha visto forzada a operar. En balance, la experiencia de la oposición venezolana le sugiere a Corrales la conclusión de que no es imposible un resurgimiento de una fuerte oposición bajo condiciones autoritarias muy adversas, pero esto supone una alta capacidad para aprovechar los errores del régimen autoritario e incluso, dentro de ciertos límites, jugar con la carta de la disrupción.
Esta comprensión especialmente sutil de la trayectoria de la oposición democrática venezolana otorga al Autocracy Rising un aire esperanzador que ve con simpatía la incansable insistencia de los venezolanos en luchar por el rescate de la democracia, aún después de dos décadas y media, durante las cuales bien podía haberse “normalizado” la vida bajo la dictadura. Citemos para cerrar el pasaje que captura hermosamente este espíritu:
“I … hope that readers notice that, despite covering the grim subject of a rising dictatorship, this book is also an account of how the forces of democratic resistance in Venezuela continue to fight and refuse to die.”(p.8)
Así, y a pesar de todo, el régimen autocrático no está consolidado en Venezuela. Esta conclusión de Corrales, escrita hace al menos un par de años, es muy lúcida si se tiene en cuenta el emerger de la coalición de oposición liderada por María Corina Machado y unificada detrás de la candidatura de Edmundo González Urrutia en 2024.



Excelente análisis y comentarios. El reconocimiento de las complejidades, particularidades e innovaciones del autoritarismo venezolano son dignas de estudiar en profundidad. A la luz de tu revisión, el libro de Corrales luce muy interesante.